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Trabajando en el Docu

Tomando notas.

Llevamos ya cosa de año y medio trabajando en el Proyecto Armonía Nocturna,  un proyecto documental sobre la observación de las estrellas en Talamanca y la contaminación lumínica, que estoy dirigiendo de la mano de Betta Films. Hace unos 10 días volvimos de trabajar en algunas tomas con la comunidad Bribri de Salitre, a participar en varias eventos del Festival Internacional de Cine en San José.  Con tanto movimiento hasta ahora puedo poner por escrito algunas reflexiones, sobre el trabajo que estamos haciendo, y el sentido del cine documental. Nuestro trabajo con Armonía Nocturna empezó por mi interés en la fotografía nocturna y el descubrimiento del efecto de la iluminación de las ciudades en el paisaje nocturno, a partir de ahí dimos inicio a una búsqueda, sobre los efectos de la contaminación lumínica y finalmente sobre las tradiciones del pueblo Bribri, habitante de la cordillera donde he estado haciendo algunas de mis capturas nocturnas, sobre el firmamento y el cielo estrellado. En ese momento, el proyecto del documental paso a abarcar algo más personal, aun si cabe que mi fascinación por las estrellas y la noche. En esta última salida de hace semana y media, vi claro algo que ya me habían dicho varias personas, en el Cinergia LAB, en conversaciones sobre el proyecto, pero que yo no terminaba de asumir, este proyecto es un encuentro con otras personas, con sus formas de ver el mundo, para luego volver la mirada sobre nosotros mismos, y encontrarnos en los ojos del otro. Reconozco que no escribo nada nuevo, incluso me atrevería a decir que es casi una frase hecha, pero considero que esa es la esencia del cine documental, un viaje hacia realidades que escapan a nuestro cotidiano, pero que una vez que las conoces arrojan luz sobre la propia realidad. En ese sentido creo que el cine documental se enfrenta a un limite difuso, se parte de la propia subjetividad para acercarse al tema del documental, pero:  ¿En que momento la propia subjetividad pasa a convertirse en el tema del documental? Creo que la tendencia actual en trabajar el documental desde una visión más personal es honesta.  ¿Como puedo acercarme si no a fenómenos y personas si no es asumiendo mis limitaciones como ser humano para comprender, temas, fenómenos y personas? Esto es tomar una postura humilde, en contraposición con la voz autorizada que tan acostumbrados estamos a escuchar en el cine documental. Ahora, pasar de ahí a convertir la propia subjetividad en el tema del documental es un asunto delicado, existen ejemplos exitosos de este tipo de documental, como el caso de Sherman’s March (1986) de Ross McElwee, y existen otros menos afortunados, como el premiado Mapa (2012) de León Siminiani, pero lo cierto es que la tendencia de poner al director frente a la cámara como un personaje más, me incluyo en ello, tiene una connotación distinta en esta época de la Sociedad Selfie, y arriesgamos con perder de vista el objetivo final de nuestro documental. Creo que cuando abordamos proyectos personales es inevitable que de alguna forma tengan algo autobiográfico, por algo hay temas que se nos vuelven recurrentes a lo largo de la vida, pero creo que no se puede olvidar que el valor de un trabajo audiovisual reside en el dialogo que pueda establecer con el público, y esto solo ocurre cuando existen cuestionamientos y puntos de vista, y no nos limitamos a mirarnos el ombligo y mostrarlo en un largometraje.