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Momentos del 2011

Un poco tarde publico mi resumen fotográfico del año, y es que el cambio de año casi me pilla en las laderas del Volcán Rincón de la Vieja. En todo caso, con tal de no faltar a este rito anual, acá les dejo una selección de imágenes que realice durante el 2011, no son necesariamente mis mejores imagenes, pero son las que para mi mejor narran emociones, momentos especiales y acontecimientos históricos. En otras palabras, se trata de mi limitada percepción del mundo que habito, mi testimonio personal del tiempo que me ha tocado vivir. El 2011 fue para mi ante todo un año de transito a la edad adulta, de tomar decisiones, hacerme más dueño de mi vida y de mi futuro, y como el niño de la fotografía, apartarme del resguardo para dar pasos por mi mismo. Este fue un año donde además gracias al bueno de Iñaki Angós pude retomar la práctica del montañismo, subir a la sierra del Aralar, alcanzar cumbres en los Pirineos o simplemente aprovechar un buen día soleado para escalar en los riscos de las afueras de Pamplona.  Gracias Iñaki por esas salidas que me dieron salud mental en los momentos más duros de mis estudios en Navarra. Pamplona fue una intensa experiencia intercultural, otros modos, expresiones y ritmos, sumado a mi segundo año fuera de Costa Rica.  Durante ese tiempo compartí casa con Laura Revelo, que fue como tener un pedazo de Costa Rica conmigo, entre ceviches y chifrijos los días en Pamplona no dieron paso a la nostalgia. Volver a Madrid, empezar a vivir juntos, sin nunca antes haber tenido la experiencia de vivir con mi pareja, esta imagen es de la primera mañana viviendo juntos, del día que sin lugar a dudas nos dimos cuenta que estábamos construyendo algo. El retorno a Madrid también significo volver a entrar en contacto con todo aquel mundo subterráneo que ya conocía de un año antes y que tanto me había fascinado. Hambriento de nuevas cosas volví a este sitio, a la Iberia sumergida. Hubo en medio de todo un viaje, a un lugar que ya había transitado cuando hice el Camino de Santiago, pero que no había terminado de conocer en todo su esplendor.  Amaya me llevo a Asturias, y si ya me había gustado antes, esta vez quede totalmente enamorado del lugar donde de alguna forma comenzó a formarse la idea de España.  Un lugar donde el mar revienta con fuerza contra esta costa de roca inamovible, mezcla de playas y montañas, un paisaje propio de los cuentos fantásticos. Contadas veces en nuestras vidas somos conscientes de estar frente a acontecimientos históricos, el 15M y la rebelión en Madrid fueron acontecimientos que me tomaron por sorpresa, pero que sin duda escriben un página de la historia del siglo XXI. Creo que las repercusiones de este lento pero inexorable despertar de las clases medias de los países desarrollados sin duda marcarán el devenir de la historia en los próximos años. Un viaje a Portugal, especial como ningún otro, un viaje hacía el centro de la familia de mi pareja, la boda de su hermana Irene. Descubrir a estas personas de una calidad humana asombrosa, empezar a sentir un inmenso cariño y respeto por Palomi, mi suegra, contar con la ayuda de un suegro tan paciente como Chema que se toma el tiempo para hacerme el doble windsor, porque estas son las alturas en las que no he aprendido a ponerme una corbata. Dejar España, dejando a Amaya atrás, no saber si iba o no a tomar aquel vuelo diez días después, no saber que esperar de volver a Costa Rica, una profunda incertidumbre por el futuro. Primeros días de Amaya en Costa Rica, como una caminata en la que te adentras en una niebla espesa, en la que no sabes que vas a encontrar.  Y tal como se ve en la fotografía, nuestra amiga Ana María ha tenido el detalle de estar ahí.  Gracias. Habían unos pocos meses de haber regresado y tuve que dar unos de los pasos más importantes de este año, ser honesto conmigo mismo y con lo que quiero, decidir no posponer más las cosas, bajar del carro y simplemente hacerme cargo. La imagen es de Manzanillo en Limón, el primer viaje que Amaya y yo hicimos luego de decidir que somos dos personas independientes que quieren compartir su vida, pase lo que pase, vengan las tormentas que tengan que venir, creo que esta estampa es perfecta metáfora de esto.

El cielo gira, todo cambia, el tiempo pasa y el año termino con nosotros viendo las estrellas de un cielo nuevo para ella, el firmamento de la tierra que me vio nacer y que de momento es la tierra donde vivimos, crecemos, y donde tratamos de hacernos un poco más sabios cada día.